Marzo de 2007
En el verano de 2006 se produjo un hecho histórico. Un hecho tan solo comparable con el descubrimiento de la Piedra del Sol, la Diosa Coatlicue o el monolito circular de la Diosa Coyolxauhqui. De repente un nuevo monolito surgió de las profundidades del olvido. Algo que seguramente ya nadie pensaba que se pudiera hallar en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. Un inmenso monolito del Dios Tlatecuhtli emergía de nuevo de las profundidades de la tierra. Se especula con que pueda ser la lápida de la cámara funeraria del Huey Tlahtoani Ahuitzol. La noticia en el momento de su hallazgo levantó gran expectación entre los habitantes de la gran metrópoli Mexicana y de hecho la Zona Arqueológica del Tempo Mayor se llenó de gente curiosa que quería ver con sus propios ojos el nuevo descubrimiento. Pero la emoción duró poco y los medios de comunicación se olvidaron del hecho. Aunque la noticia es de una relevancia inmensa, la vorágine informativa de nuestros días necesita alimentarse con noticias nuevas cada día y esto provoca que se relegue al poco tiempo cualquier tema y que la gente se olvide de los hechos. Es el signo de los tiempos.(Fotografía: INAH)

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