Marzo de 2006
A finales de Enero de este año, recibíamos un correo en la redacción de aztlán, donde se nos informaba de la posible destrucción de los restos de la ciudad Maya de Dzoyilá, en el estado de Yucatán. Lamentablemente, estos acontecimientos son más numerosos de lo que nos gustaría a todos. De hecho venimos informando de ellos en nuestro sitio web desde su creación. La falta de fondos económicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, provoca estas situaciones, incluyendo algo tan incomprensible como el robo de material arqueológico en Teotihuacan, el cual parece haber estado perpetrado de alguna manera por personas que conocían el yacimiento y motivado por la falta de vigilancia del mismo y el alto precio que adquieren esas piezas en el mercado negro. Queremos reproducir aquí, un fragmento de ese correo que nos envío Shineily Lucia de Mérida:"¡Soy una ciudad maya que expresa uno de sus últimos sonidos guturales pidiendo ayuda, me están matando, me están destruyendo!Soy mencionada en el Chilam Balam de Chumayel -libro sagrado de nuestros ancestros mayas- en la narración del peregrinar de los señores Itzaes, que me conocieron cuando vinieron desde tierras ubicadas en el centro de lo que hoy conocemos como la República Mexicana para vivir en Chichén Itzá, donde construyeron grandes edificios, testimonio de su cultura. Me encuentro actualmente en el corazón de la ciudad de Méida, frente al campo deportivo Kukulcán, donde estoy cubierta entre la maleza. Los tierreros entran y destruyen con pico y pala las piedras que un día formaron templos y palacios, me desvanezco sin que las autoridades intervengan para impedir mi sufrimiento. La cultura que me creó, la maya, me hizo de piedra para dejar constancia de que alguna vez existió esa gran y magnificente cultura que dejó en cada una de sus ciudades la sabiduría y la ciencia que ayudó a la evolución de la humanidad.¡A ustedes, arqueólogos y antropólogos, que algún día sintieron en su corazón el llamado a estudiar el conocimiento acerca de los que vivieron en el antiguo mundo mágico de los mayas, les pido que intenten salvarme, que pongan su preparación profesional, su amor al patrimonio histórico y sus convicciones humanas para que ayuden a salvarme. Algunos profesionales que hoy están en el poder gubernamental dicen que carezco de importancia, que no valgo nada como patrimonio cultural, que mi valor es el precio de los terrenos donde fui construida, terrenos en los que podrán levantarse plazas y negocios redituables en dinero y en utilidades. Ustedes y yo sabemos que eso no es cierto, que valgo mucho porque hay cosas que valen más que el dinero, mucho más. Por eso: Antropólogos, arqueólogos, profesores, abogados, religiosos, vecinos de otras colonias, defensores de los derechos humanos, mayas del Norte, del Sur, del Oriente y del Poniente, les pido su valor y acompañamiento para que me ayuden a sobrevivir y a volver a florecer entre la sociedad meridana. Tengo un gran sabiduría que compartir que está escondida entre las piedras de mis monumentos y en el corazón de la tierra. ¡Ayudenme!".

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